Con la creación de este nuevo espacio, este Despacho profesional pretende acercar al ciudadano al mundo del Derecho mediante la publicación de artículos prácticos que sean respuesta a múltiples cuestiones y consultas que nos plantean a lo largo de nuestra trayectoria profesional a modo de consulta así como información actualizada en el ámbito legal.

Dichos artículos serán confeccionados por la titular del Despacho así como por colaboradores externos que también se hallan altamente cualificados para ejercer su propia actividad  profesional. En todos y cada uno de los artículos se hará indicación de su autor por cuanto el abogado que lo confeccione lo realiza bajo su propio criterio profesional si bien dichos artículos no constituyen asesoramiento personalizado que es necesario para casa caso.

Nada más entrar a esta sección se encontrará el último artículo publicado. Por eso, para un mayor provecho, se aconseja leer los primeros artículos publicados (más abajo) e ir subiendo a los más recientes porque algunos (en especial, los de consultoría legal) pueden hallarse inter-relacionados entre sí.

Advertencia: el contenido de los artículos que aquí se publican son una visión general de determinadas cuestiones o situaciones no individualizadas a las que se les da un enfoque legal pero NO CONSTITUYE asesoramiento personalizado pues éste solo puede dispensarse de manera individualizada tras ser analizados los factores y documentación que deben ser objeto de análisis por parte de un abogado en cada caso concreto.


Debe tener siempre presente que en un mismo asunto existen múltiples factores que lo pueden hacer distinto de otro aparentemente idéntico o similar, y en base a ello, no ser la misma casuística y por tanto no ser aconsejable el mismo proceder.


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Autora/s: Sara Megías Arias
Temática: general y procesal.
Fecha: 04-05-2022
DOCTRINA DE LOS ACTOS PROPIOS

Dice un aforismo del latín: “venire contra factum proprium non valet”.

Esta frase define la coherencia. Su traducción literal es: “venir contra los hechos propios no vale” o lo que es lo mismo, “no se puede ir contra los actos propios” o "no podemos ir contra nuestros propios actos”.

No se trata de una mera expresión o reflexión; se trata de una verdadera regla en Derecho que pretende proteger la buena fe evitando situaciones abusivas por quien, con mala fe y a sabiendas de que actúa incorrectamente, pretende ejercer un derecho o negar a otro un derecho que tendría. Esta regla establece que no se puede cambiar nuestro comportamiento para perjudicar los derechos de otra persona y a su vez, si sabemos que otra persona hace algo que nos perjudica, no podemos consentirlo. 

Por ello es de vital importancia que cada paso legal que demos estemos asesorados por un abogado aún cuando la Ley no obligue a ello por tratarse de meros trámites ante cualquier Administración Pública  o meras manifestaciones oficiales contenidas en una solicitud que a simple vista pudiera parecer insignificante; de ello se pueden derivar después consecuencias legales que no podremos evitar invocando a posteriori que "no sabíamos" o "donde dije esto ahora es lo otro"  porque ello puede ser tomado y alegado por la otra parte como acto contradictorio y realizado en su perjuicio, aunque sea justo lo contrario, que los perjudicados hemos sido nosotros por no actuar antes.

Dice el artículo 7 del Código Civil: “1. Los derechos deberán ejercitarse conforme a las exigencias de la buena fe. 2. La Ley no ampara el abuso del derecho o el ejercicio antisocial del mismo. Todo acto u omisión que por la intención de su autor, por su objeto o por las circunstancias en que se realice sobrepase manifiestamente los límites normales del ejercicio de un derecho, con daño para tercero, dará lugar a la correspondiente indemnización y a la adopción de las medidas judiciales o administrativas que impidan la persistencia en el abuso.” Es obvio, que para reclamarlo, primero hemos de hacer constar que nos han perjudicado y por supuesto, no ser nosotros mismos los que hemos tenido que ver con dicho acto perjudicial.

En sus inicios, esta regla o doctrina de los actos propios pertenecía al Derecho Romano de quien hemos heredado nuestro actual Sistema de Derecho, concretamente al ámbito del Derecho Privado que hoy llamamos Derecho civil; sin embargo, en la actualidad podemos decir que su aplicación se ha extendido a la mayor parte de las ramas del Derecho, pudiendo ser alegada en todo momento si bien no en todas las ocasiones se tiene en cuenta por los Jueces y Tribunales. Es obligatorio que un abogado conozca esta regla y si procede en interés de su cliente, alegarla aunque luego el Juez no la tenga en cuenta.

Con esta doctrina se pretenden evitar situaciones de abuso de derecho por parte de personas que actuando de mala fe pretendan ir acomodando sus hechos a según qué situaciones. En el ámbito legal, nadie puede defender una postura o comportamiento contrario a lo que venía haciendo hasta el momento porque de hacerlo, se podría considerar que está ejerciendo un derecho de modo abusivo actuando contra las reglas de la buena fe. 

Debemos tener siempre presente que al igual que en cualquier ámbito de las relaciones humanas tener un concreto comportamiento en un determinado sentido puede generar una confianza en los demás que se puede ver rota si posteriormente cambiamos o negamos dicho comportamiento inicial

Y en el ámbito legal, un determinado comportamiento o afirmación puede crear una situación de derecho que siempre debe coincidir con la situación de hecho (la real) pues de no ser así, con alta probabilidad no nos creerán y aunque la defendamos nos podrán alegar esto exigencia.

A modo de ejemplos:

1º Pensemos en una persona que entrega en un organismo público un documento que le perjudica porque no refleja la realidad de una situación pero se encuentra en el erróneo convencimiento de que en un futuro, podrá alegarlo si fuera necesario o si le perjudicara. 

Creer esto es engañarse porque si no lo manifiesta a tiempo o no consigue que el documento se halle redactado de modo correcto, luego no podrá hacerlo porque con ello ya habrá generado una situación de derecho que desplegará sus efectos y en la que se sustentarán todos los actos legales posteriores. Si lo intentara corregir luego, le es oponible que va  contra sus propios actos.

2º Pensemos en otra persona que manifiesta en un Juzgado de Familia algo que en otro Juzgado niega. No hablamos de una misma jurisdicción ni de que se condene dos veces por unos mismos hechos, sino que hablamos de afirmaciones contradictorias en dos Juzgados distintos porque según en qué Juzgado le beneficia para su pretensión afirmar una cosa y en otro negarlo. 

Le sería oponible por el perjudicado esta contradicción e incongruencia. Es por eso que los profesionales debemos estar hábiles para detectar cualquier contradicción que evidencie una actuación contraria a la buena fe y así hacérselo ver al Tribunal aunque luego no lo tengan en cuenta; pero es obligatorio que en la defensa de los intereses de nuestros clientes también estemos despiertos en estos detalles. No sería la primera vez que veo que la parte contraria declara en un Juzgado de Familia una situación y cuando en el Juzgado Penal se la pregunta por ella, lo niega.

Las consecuencias de actuar con mala fe o ir contra nuestros propios actos o afirmaciones no solo es la imposibilidad de obtener nuestra pretensión (ya sea ejercer un derecho o negárselo a quien consideramos que no debe obtenerlo en nuestra contra), sino el riesgo de que nos impongan costas si nos hallamos en un procedimiento judicial.

La Sentencia del Tribunal Constitucional  73/1988 de 21 de abril establece que la llamada doctrina de los actos propios no es otra cosa que vincular la declaración de voluntad de una persona y la imposibilidad de adoptar después un comportamiento contradictorio pues con ello se pretende proteger la confianza que fundadamente se puede haber depositado en el comportamiento ajeno y la regla de la buena fe que impone el deber de coherencia en el comportamiento. El propio Tribunal Supremo en la misma línea analizando la teoría de los actos propios lo llama “confianza legítima”. 

De lo expuesto, se deduce la importancia de contar siempre con el asesoramiento personalizado de un abogado ya sea para procedimientos judiciales en los que su intervención no sea preceptiva por Ley ya sea para realizar cualquier gestión o mero trámite ante una Administración Pública pues en ambos casos, se crearán situaciones de derecho con plenos efectos legales.

Sara Megías Arias
Titular Despacho





Autora/s: Sara Megías Arias
Temática: Derecho de Familia
Fecha: 16-03-2022
CAMBIO DE CUSTODIA: ¿QUÉ IMPLICACIONES LEGALES TIENE NO REGULARLO O HACER CONSTAR UNA FECHA POSTERIOR LA FECHA REAL?

Consulta:
Al hilo de la consulta anterior en relación al cambio de custodia que se pudiera dar de hecho y no por resolución judicial, ¿qué consecuencias tiene no regular esta nueva situación o que la madre de mi hija me diga que ponemos fecha de ahora y no cuando realmente tuvo lugar?

Tu abogado responde:

1. Consecuencias tributarias: el factor de la convivencia tiene consecuencias fiscales en la declaración de la renta.

Si tu hija ahora vive contigo, es contigo con quien debe constar legalmente en tu declaración de la renta. Difícilmente podrás cumplir con esto, si no tienes una resolución judicial que te respalde y es posible que su madre se siga beneficiando de declarar con ella a su hija no siendo la realidad.

No olvides que la declaración de la renta es otra prueba más de convivencia que en nada te beneficia que la otra parte genere a su favor en fraude de Ley si no es la realidad. Mirar por tu hija es que conste residiendo contigo y no en otro lugar.

Por eso si la madre se niega a reflejar un cambio de custodia, piensa que ésta puede ser una de las razones: que está mirando por su interés propio y no por el de su hija; de modo que eres tú como padre, quien está obligado a hacer lo que la madre se niegue a llevar a cabo en favor de vuestra hija.

2. Consecuencias civiles: las sentencias son meras declaraciones y son ejecutables ante un incumplimiento por una de las partes porque de no poder instar un proceso de ejecución que obligue a su cumplimiento, las resoluciones judiciales serían una mera declaración de intenciones que podrían ser o no cumplidas.

No acatar una sentencia y no adelantarte a manifestar al Juzgado un cambio de circunstancias que justifica el desacato puede tener consecuencias gravísimas y muy serias pues puede suponer tu quiebra futura de una persona o que no salgas nunca de una situación económica precaria. ¿De verdad quieres conceder ese control de tu vida y poder de disposición a otra persona? ¿y peor aún,  una persona con la que ya no tienes vínculo?

Si la sentencia de divorcio dice que eres tú, como padre, el obligado a pagar una pensión de alimentos, ella siempre tendrá un título judicial de cobro a su favor cuya ejecución podrá instar cuando quiera con independencia de la edad de vuestra hija.

Es más, ahora se estila esperar a que los hijos cumplan la mayoría de edad o sean independientes económicamente para reclamar al otro lo que no pagó cuando eran más pequeños. Cuanto más tiempo dejes hacer y deshacer, no instando una modificación, más grande se hará su “saco a percibir”. Debe constar por resolución judicial fecha en que tuvo lugar el cambio de custodia y cuanto antes.

No hacerlo implicará que en un futuro puedas verte una reclamación por una cuantía enorme con intereses y costas judiciales que te haga estar inmerso en un procedimiento judicial costoso en los que veas sufrir a tu hija porque sea necesaria su declaración como testigo. Cualquier padre/madre debe evitar a toda costa hacer pasar a sus hijos por ese trago y el momento de tomar medidas para evitarlo, es protegiéndole DESDE AHORA regulando la realidad de la situación. Todo lo demás supone delegar y hacer depender del testimonio de un hijo una responsabilidad que es tuya.

En tanto en cuanto dicha resolución o sentencia que regula una custodia distinta no sea modificada con otra resolución posterior, estás permitiendo "un cheque al portador" que actuará como “as bajo la manga" de la madre de tu hija y como  “espada de damocles sobre tu cabeza” sin saber cuándo te caerá encima pudiendo tener consecuencias económicas desastrosas para ti y por ende, para tu hija que ahora convive contigo y condenarte de por vida a una situación económica no deseada.

Mientras tú dejas correr el tiempo, éste juega en tu contra y la de tu hija  pero a favor de la otra parte pues podrá estar “haciendo y deshaciendo” generando posiblemente falsas pruebas a su favor incluyendo en su declaración de la renta a vuestra hija pues siempre tiene más peso en este ámbito que el padrón municipal.

Mirar por tu hija implica estar fuerte mentalmente y cerrar la puerta a la posibilidad de que exista contra ti un proceso por no estar regulado correctamente.

Por eso si el anterior custodio, en este caso  la madre pero aplica a la inversa si la consulta la hace una madre, se niega a reflejar un cambio de custodia, piensa que ésta puede ser una de las razones: está mirando por su interés propio guardando su “as” desatendiendo  el interés de su hija y perjudicandoos gravemente a ambos ; de modo que eres tú como padre, quien está obligado a hacer lo que la madre se niegue a llevar a cabo.

3. Consecuencias penales: el impago de pensión de alimentos durante tres meses consecutivos es un delito de abandono de familia regulado en el artículo 227 del Código penal.

Diríamos que es de las consecuencias más graves habida cuenta que conlleva penas de prisión, es por eso que la inocencia y confianza ciega en que el anterior custodio nunca nos va a denunciar debe dejarse para otras cuestiones pero no para ésta.

El plazo de prescripción para la reclamación de la cuantía a nivel general es de 5 años pero la peculiaridad de este delito, que pretende proteger las relaciones familiares y derecho del menor a ser alimentado, radica en que en la práctica no prescriba nunca como bien ha confirmado de modo reiterado nuestro Tribunal Supremo ya que se trata de un delito de tracto sucesivo (pago de prestaciones periódicas) y la fecha en que comienza a correr el plazo no es la mayoría de edad de los hijos sino el momento en que se independizan económicamente, esto es, desde la última cuota de pension de alimentos exigible y no pagada.

Por lo tanto, si tu hija está contigo y eres tú por tanto, quien se está encargando de su manutención diaria, ya estás tardando en regular esta nueva situación porque es la madre y no tú, quien tiene que empezar a situarse en la posición de pagadora y devengar esta situación (al margen de que quieras o no reclamárselo, pero debe constar que es ella y no tú, quien debe pagar dicha pensión hasta que tu hija sea independiente o esté en situación de serlo).

Cada trimestre que pasa, y que devenga, te expones. Mirar por tu hija implica no exponerla al hecho de sufrir porque su padre se vea inmerso injustamente en un proceso penal futuro solo porque la madre no haya querido regular la situación en la actualidad porque a ella no la convenga. ¿Estarás fuerte mentalmente para cuidar de tu hija si te ves afectado por asuntos judiciales? piénsalo.

No es lo mismo decir que tu hija está contigo desde el 01-01-2022 a decir que está contigo desde el 15-01-2010. Es obvio que la cuantía que en cualquier momento te pudieran reclamar, será infinitamente mayor si  tu hija está contigo desde el año 2022 que si está desde el 2010 porque esto implicaría que has devengado obligación de pagar pensión hasta el 2022 cuando a lo mejor, tu hija lleva contigo desde el 2010.

La fecha en que tu hija comienza a vivir contigo es la fecha de FRENAZO  al devengo de cuantías en tu contra. De ahí la conveniencia de que hagas constar de modo fehaciente la fecha REAL y no una fecha posterior que te quieran imponer. No permitas que conste en ningún sitio, ni mucho menos oficial,  una fecha de inicio de convivencia de tu hija contigo que no sea la real porque os perjudicaría gravemente. 

4. Consecuencias administrativas: si deseas ser beneficiario de ciertas ayudas, te van a pedir al detalle que acredites la situación existente de “hijos a cargo”. Si la nueva situación con tu hija no la tienes debidamente regulada, te estarás perdiendo la posibilidad de acceder a ayudas a las que puedes tener derecho en situación de necesidad. Mirar por tu hija es anteponer su seguridad y bienestar a lo que su propia madre quiera hacer en interés propio.

En consecuencia y tras lo expuesto, a la vista está que no hay razón lógica por la cual no deba quedar regulada una nueva situación de este calibre relacionada con los hijos ni nada positivo en ello como tampoco lo hay en hacer  constar una fecha falsa frente a la fecha real en que comenzó a vivir contigo tu hija. Desde un punto de vista profesional son más los perjuicios de no regularlo que los beneficios que obtenéis siendo por tanto aconsejable no dejar los brazos caídos.

Reflexión profesional: Mirar por tu hija no es evitar defender vuestros derechos (tuyos y de tu hija) para evitar un conflicto con su madre. Mirar por tu hija es mantenerte fuerte y difícilmente te vas a sentir fuerte para seguir adelante si no frenas una situación que es susceptible de ser cambiada a vuestro favor no solo a nivel económico sino a nivel emocional. En muchos casos la desigualdad en las situaciones de los progenitores tras un divorcio es abismal y en muchos, sino todos de los casos, se debe a que uno se halla supeditado a un chantaje emocional por parte del otro y para evitar un conflicto previsible por experiencias anteriores, prefiere callar aun suponiendo esto una cesión en los derechos de los hijos.

Hace muchos años, pude descubrir un hecho que me ha servido para evaluar la situación real de muchos padres. En una modificación de medidas de la que tuve conocimiento tarde porque la había llevado otro profesional y me vino para segunda opinión, le dije a un padre: “Con los hijos no se deben aceptar limosnas y la situación que hay es la que hay, porque si lo que realmente te preocupan son tus hijos, no hay que maquillara hay que cogerla de frente y plantarse”. Se le había coaccionado claramente a aceptar unos “caprichos” de la madre a cambio de registrar el cambio de custodia perjudicando gravemente el interés superior de sus hijos y los intereses del padre de sus hijos.

En vía civil ya no se podía hacer nada porque habían pedido modificación "a la carta de la madre" como venía siendo desde la ruptura siendo que en palabras del padre, para evitar conflicto "a todo decía que sí" y había firmado un acuerdo lesivo en la modificación hecho por un abogado buscado por la madre y otorgando silencio a lo que la madre le impuso en materia de fechas de cambio en la custodia firmando. En Derecho rige una norma: “nadie puede ir contra sus propios actos o afirmaciones”. Por eso la única vía para defenderse de la posterior denuncia penal con la que le amenazabapor impago de pensión hasta la fecha falsa que ella alegaba como inicio de cambio de custodia cada vez que había una discrepancia entre ambos era adelantarse a ella denunciando por coacciones. ¿De verdad merece la pena llegar a esto siendo evitable haciéndolo bien para los hijos y para ambas partes desde el principio? 

A mi juicio profesional, todas aquellas estrategias y estratagemas que buscan disuadir o incluso impedir al otro progenitor una regulación correcta o de instar una modificación de medidas paterno-filiales y hacer constar fechas reales para frenar el devengo de la pensión alimenticia y todas las implicaciones legales se pueden encardinar en el delito de coacciones porque es obligación de ambos padres instarla y no impedirlo.

Es triste pero tengo que decir que es más habitual este tipo de chantaje emocional por parte de mujeres a sus exparejas que a la inversa. Son pocos los hombres que deciden hacer frente a ello para frenar esta clara situación de desigualdad tras un divorcio.

Sara Megías Arias
Titular Despacho




Autora/s: Sara Megías Arias
Temática: Derecho de Familia
Fecha: 16-03-2022
CAMBIO DE CUSTODIA DE HIJOS: ¿HAY QUE REGULARLO?

Consulta:
Soy padre divorciado. En la sentencia se acordó que mi hija viviría con su madre pero ahora está viviendo conmigo. ¿Debo comunicar este cambio  al Juzgado? ¿Nos perjudica a  mi hija o  a mí no hacerlo?

Tu abogado responde:
La respuesta es que sí debes regularlo y que sí os perjudica no hacerlo. No solo a ti, sino a tu hija. Por ello si la madre de tu hija no se aviene a un acuerdo para regular la realidad de la situación o te pone trabas,  tendrás que pedirlo ante el Juzgado para que conste oficialmente que tú siempre has querido hacerlo correctamente por tu hija.

Dejando al margen los temas burocráticos que se relacionan con la edad escolar de los hijos y en los que debe quedar claro con quien están conviviendo y quien se está haciendo cargo de esos gastos y de su manutención, hay que tener muy presente  que las resoluciones  judiciales despliegan sus efectos en todos los campos de la vida de la persona a la que afectan, no solo en el emocional sino en el ámbito civil, tributario, penal, administrativo relacionados con ayudas públicas....

Por lo tanto, en el caso que nos ocupa, si existe una resolución judicial previa que recogía unas medidas con tu hija teniendo en cuenta unas circunstancias que ya no existen porque han cambiado en la actualidad (cambio de custodia), os conviene muy mucho tener otra resolución judicial que invalide la anterior y haga constar la realidad. La custodia y la no custodia tienen implicaciones económicas y legales para ambas partes y según la posición en la que estés (cutodio o no cutodio), tendrás riesgos o beneficios. 

Por eso os interesa a ti y a tu hija tenerlo regulado por lo que pudiera pasar; no hacerlo es otorgar carta blanca y un “as bajo la manga” a su madre  que nunca sabes si podrá utilizar cual espada de Damocles en tu contra y que no sabes cuándo caerá sobre tu cabeza.

Mi frase estrella es: "o se utiliza el Juzgado para todo o no se utiliza para nada" porque las “medias tintas” en el ámbito legal os pueden traer problemas actuales o futuros y muchos quebraderos de cabeza que pueden ser más graves que el que creas que te puede suponer regular una situación y dejar todo en orden que no tiene mayores implicaciones.

Para comunicar al Juzgado un cambio de circunstancias debes recurrir a un proceso de modificación de medidas paterno-filiales que bien puede ser de mutuo acuerdo (es lo recomendable) o contencioso. En ambos casos es necesario contratar los servicios de un abogado y un procurador pero se distinguen por la forma en que se llevan a cabo. El abogado será quien dirija el asunto ante el Juzgado, se encargue de confeccionar los escritos, asistirte en las actuaciones y asesorarte. El procurador será quien realice las presentaciones y reciba las notificaciones procurando para que se cumplan los plazos procesales.

No tienes que esperar a que la otra parte (padre/madre según en qué posición estés) se decida o consienta haciendo y deshaciendo lo que le venga en gana. Si no hay predisposición a un mutuo acuerdo, toma la iniciativa tú. 

No regular esta nueva situación puede tener para ti y para tu hija consecuencias a todos los niveles porque solo tiene validez lo que consta a nivel legal y cuando quieras instarlo, cuando tengas encima el problema sea del carácter que sea, a lo mejor es demasiado tarde por no estar a tiempo para defenderte o solicitar algo que os interese. 

En resumidas cuentas estarás vendiendo la seguridad y estabilidad de tu hija y la tuya para favorecer el interés de la madre (o el padre si es que es él quien tenía la custodia y ahora no quiere regularlo). 

Si ella no se aviene a un acuerdo o no quiere dejar constancia, como mínimo deberías mandar un burofax requiriéndola a modificar la resolución por un cambio de circunstancias; así siempre estaréis “más o menos” protegidos tu hija y tú de cualquier acción que se pudiera devengar en vuestra contra.

Sara Megías Arias
Titular Despacho






Autora/s: Sara Megías Arias
Temática: reflexiones jurídicas
Fecha: 11-03-2022
EL DERECHO ES UN TREN, NO VAGONES AISLADOS

Esta frase define muy bien la inter-relación y conexión que existe entre las distintas ramas o especialidades del Derecho.

A modo de ilustración, cuando nos hallamos en una estación esperando nuestro tren, solemos estar expectantes y atentos antes de subir al mismo y según las necesidades del momento, 
nos fijamos por qué vagón nos conviene subir según nuestras preferencias  (espacio, asientos libres, mejores vistas, cerca de la salida al llegar al destino...). Hay ocasiones en que accedemos por un vagón y luego bajamos por otro porque dentro podemos desplazarnos de un vagón a otro antes de ubicarnos de modo definitivo donde nos quedaremos y por el cual bajaremos, en función de cómo queramos que sea nuestro viaje.

De la misma manera, cuando un profesional de la abogacía decide “subirse” a un asunto para “acompañar” a su cliente durante todo su viaje (el proceso judicial o negociación), debe analizar desde fuera ciertos factores que le ayudaran a determinar cuál será el mejor “vagón” para llegar a su destino. De hecho, es posible que durante ese viaje, deba pasar por más de un vagón en función de las expectativas que se tenga del asunto y según el destino u objetivo marcado. 

Si dicho profesional no tiene conocimiento de todas las áreas implicadas en un asunto, difícilmente podrá analizarlo desde los distintos prismas posibles. Para un profesional que se especializa en determinada materia o área jurídica es más fácil desarrollar su actividad en dicha especialidad y esto de modo inevitable genera más confianza en el cliente que acude a su Despacho. Pero no por ello se debe caer en el “encasillamiento” o “pegamento de silla”.

Pongamos como ejemplo, muy fácil de entender, un asunto consistente en una negligencia médica debida a una mala práxis profesional. Cuando un paciente sufre esta situación y recurre a un abogado, conviene que dicho profesional no esté encasillado pensando que lo mejor es que sepa solo de la rama civil. Para reclamar una negligencia médica existen varias vías legales y con cada una, el cliente-paciente o sus familiares puede/n conseguir resultados distintos:

- Acudiendo a la vía contencioso-administrativa podrá obtener la sanción al profesional en vía administrativa si se reúnen los factores para ello (su Colegio profesional, etcétera).

- Acudiendo a la vía penal,  podrá obtener una condena que puede ir desde la inhabilitación en su profesión hasta la prisión. Esto impediría que siguiera cometiendo más hechos de este tipo.

- Acudiendo a la vía civil, podrá obtener una indemnización por las lesiones sufridas ya sean con o sin resultado de muerte.

No siempre son viables las tres acciones ni tampoco recomendables porque variará según los casos y factores jurídicos a analizar, y otras veces las tres acciones legales son perfectamente viables y el cliente deberá comunicar a su abogado qué espera obtener para que el abogado le indique entonces con qué acción podrán obtener dicho resultado.

Es aquí cuando juega un papel fundamental el abogado, quien guiará y asesorará a su cliente y dirigirá todo el proceso acompañandole en etapas que de hecho pueden llegar a resultar duras en sentido emocional debiendo el profesional mantenerse seguro de la elección tomada para llegar al destino pactado y ayudando a su cliente a mantener la vista en lo que quería obtener a pesar de la dificultad que vaya entrañando. De ahí, que sea tan importante que desde el principio, el cliente sea asesorado recibiendo una visión amplia de las acciones posibles en su asunto.

Si el cliente del ejemplo, acude a un abogado que solo se halla especializado en rama civil, dicho profesional le dirá qué acciones civiles puede iniciar para reclamar la negligencia. 

Es obvio que si ese mismo cliente y con ese mismo asunto acude a un experto en penal, le dirá que dicho asunto es defendible por la vía penal pues es lo que dicho profesional conoce pero lo cual no implica que no sea defendible por otras vías.

Sin embargo, si el cliente acude a un profesional que sepa analizar el asunto desde distintos puntos de vista y acciones legales, el asesoramiento será más completo y le podrá dar a su cliente una visión mucho más amplia de las posibilidades existentes y los distintas vías a su alcance para obtener lo que busca; esto redundará en una mayor tranquilidad para el cliente quien sentirá que efectivamente es él quien ha elegido la carta que quiere de todas las cartas convenientes o a su favor que su abogado le ha puesto sobre la mesa.

Por eso es vital que los profesionales que apostamos por la especialización y formación continua no olvidemos esta frase para evitar encasillarnos porque un mismo asunto puede ser defendido desde distintos prismas o enfoques jurídicos (distintas especialidades) y si el profesional se encasilla en una sola especialidad, difícilmente podrá ver todos los ángulos de defensa para asesorar de modo completo a su cliente y elegir la vía más conveniente para sus intereses o preferencias.

No es recomendable  la falta de especialización como tampoco lo es la especialización única.

Sara Megías Arias
Titular Despacho





Autora/s: Sara Megías Arias
Temática: Derecho de Familia
Fecha: 17-02-2022
LOS PUNTOS DE ENCUENTRO FAMILIAR

Los Puntos de Encuentro Familiar son recursos creados para facilitar un lugar neutral donde los menores pueden desarrollar las visitas con el progenitor/a no custodio en casos en los que es necesario.
A estos lugares son derivados los menores bien por resolución judicial bien por petición de los padres ante la Administración.

Cuando la derivación se produce por resolución judicial de medidas paterno-filiales, el órgano judicial pide informes trimestrales de la evolución de las visitas.
Aunque estos informes no tienen carácter vinculante para el/la Juez, es vital que recojan de modo veraz la realidad de lo que acontece pues de ello se formará una opinión el órgano judicial para dictar una resolución posterior.

Con independencia de la forma en que hayan sido derivados, estos Centros se hallan sujetos a la normativa de funcionamiento existente en cada provincia o Comunidad Autónoma y en virtud del mismo, el funcionamiento de sus instalaciones así como la actuación del personal debe regirse por principios entre los cuales se hallan la neutralidad y objetividad.

Ambos padres (el custodio y el no custodio) son usuarios de dicho recurso con independencia de la forma en que hayan sido derivados por cuanto es el hijo de ambos, el que va a desarrollar en dicho lugar las visitas con el progenitor/a no custodio.

Es por eso que todo padre o madre, ya sea custodio o no custodio, debe saber y entender que tanto si acude a desarrollar allí las visitas como si acude a dejar a su hijo/a/s para que se relacione/n con el otro progenitor/a está obligado a velar en todo momento por el bienestar de su/s hijo/s que está por encima de cualquier otro aspecto.

Lo contrario es anteponer su propio interés al de sus hijos.

Sara Megías Arias
Titular Despacho



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